Por Pedro Arenas, Corporación Viso Mutop
Un emotivo acto se llevó a cabo en el casco urbano de Puerto Rico, el municipio ubicado a la orilla del rio Ariari al sur del Meta. Había alegría en los rostros del campesinado.
La ministra de Agricultura Martha Carvajalino y el director de la Agencia Nacional de Tierras -ANT-Felipe Harman, entregaron 387 títulos de propiedad a quienes por años esperaron su titulación. La formalización de la tierra es parte del Acuerdo de paz de 2016 y eje de la actual política agraria. Formalizar la propiedad es parte de un esfuerzo que toma tiempo. Un barrido predial, no exento de críticas, se hizo allí en años anteriores, merced a apoyos de la cooperación internacional.
La formalización brinda seguridad jurídica a los propietarios, reconoce la ocupación, el uso y la tenencia de los predios, facilita el acceso a entidades crediticias y a proyectos del sector agropecuario, también a inversión social en servicios e infraestructura, de lo que pueden ser parte las asociaciones y juntas comunales, mediante la contratación solidaria y comunal. Esta titulación representa más de 8.000 hectáreas formalizadas en el municipio, algunas de las cuales están en sabana natural y otras en veredas de la zona de reserva del Guejar, así como de la zona campesina aledaña al Cafre. Pero se necesita que las personas no vendan sus tierras.
Rememorando, hace unas décadas, por vía fluvial, era común la parada en el puerto, que antiguamente se llamó Puerto Yuca, y que hoy es un próspero centro de abastecimiento de bienes y servicios para la región del Guejar, el Cafre, la sabana orinocense y el Ariari mismo. Actualmente, la carretera Granada – San José, ha ocupado el lugar que antes tuvieron los ríos para el transporte, perdiéndose el paso por este bello puerto.
El municipio tiene una historia común con el Guaviare y otros vecinos del Meta. Hoy cuenta con cerca de 15.000 habitantes, viviendo la mitad en la zona rural, según datos del DANE. Este pueblo es fruto de décadas de colonización iniciada en los años 50s. El poblamiento urbano y rural se dio en medio de oleadas de ocupación detrás de tierras, bonanzas, violencia y promesas estatales y privadas. Actualmente es productor de alimentos, lo cual es clave para la dinámica económica local y nacional, pero especialmente para la economía campesina y la soberanía alimentaria del país. Por ello, es propicio que funcionarios del gobierno nacional pongan sus ojos en esta despensa agrícola en medio de la política de reforma agraria.
En la sabana natural y en tierra firme, actualmente, se produce piña que se ha convertido en producto bandera, así como ganadería, aguacate, sandía, chontaduro, palma y en una época hubo explotación petrolera. (Aún hay prospectos de hidrocarburos en esta región). En la vega del rio, tierra fértil y baja, inundable en muchas ocasiones, se producen ahuyama, cacao, maracuyá, plátano, yuca, maíz, arroz, papaya, aguacate y frutales, entre otros. En la vega se padecen anualmente las crecientes del rio, con todos sus efectos. Ante la deforestación cercana a sus laderas, el rio todos los años “come” barrancos, y ante la tala en los afluentes, el rio arrastra más sedimentación, lo que forma grandes bancos de arena perdiéndose la profundidad del cauce, aumentando el riesgo de inundaciones en los periodos de invierno y, obviamente, las inundaciones hacen que se pierdan cosechas que no cuentan con ningún seguro ni atención adecuada de los organismos encargados de la gestión del riesgo.
Puerto Rico sufrió la violencia del conflicto armado, por ejemplo, la toma guerrillera de 1999 y una ofensiva paramilitar durante los años 2000s. Aún persisten coletazos de ese conflicto que se niega a desaparecer. Miles de familias se desplazaron de sus sitios de origen. Centenares se fueron de sus fundos cuando las aspersiones aéreas con glifosato, otros perdieron su tierra en medio del temor por los choques de grupos ilegales, y la Operación Artemisa conllevó formas de destierro oficial, por “delitos ambientales”, en el gobierno del presidente Duque. Esas familias victimizadas esperan la reparación y algunos adelantan procesos de restitución. En medio se encuentran procesos de retorno y resiliencia comunitaria que lleva a que muchos permanezcan.
La llegada del latifundio hace de las suyas. Éste avanza comprando fincas, a uno y otro lado del rio, incluso más allá del Área de Manejo especial de la Macarena y del Distrito de Manejo Integrado del Ariari, generando preocupación. Al norte y oriente del casco urbano, compañías privadas dedicadas a la palma de aceite, se instalaron en medio de la ola de los agronegocios. Los cultivos industriales demandan predios grandes y, en medio del mercado de tierras y la violencia, una parte de los “fundos de la colonización”, que tuvieron un sustento en la coca campesina, ahora están concentrados en pocas manos. La ganaderización extensiva también avanza. La construcción de carreteras y puentes, así como una relativa tranquilidad local hacen atractiva la región. En la orilla sur del Ariari se han instalado haciendas ganaderas que compran fincas a campesinos que se hicieron viejos y que “obtienen una pensión” con la venta de su parcela.
Pero Puerto Rico es un referente en las luchas campesinas por la reforma agraria. Hacia mitad de los 80s, la Universidad Nacional hizo un estudio en la región que llevó a la delimitación de lo que antes se llamaba reserva biológica de la sierra de la Macarena (desde 1948) y que pasó a considerarse Parque Nacional Natural de la Macarena en 1989. Fue en viajes por esta región que los profesores Darío Fajardo y Alfredo Molano, entre otros, idearon la figura de las zonas de reserva campesina -ZRC-, como espacios donde el campesinado fuera protegido, y en los que la producción de alimentos fuera impulsada. Zonas que se conviertan en colchón de amortiguamiento de los parques naturales o de otras áreas protegidas.
Puerto Rico tiene el caso de la asociación campesina AGROGUEJAR, la que había solicitado la conversión de su territorio en ZRC y estuvo esperando por casi veinte años sin respuesta oficial. En diciembre de 2022, se desempolvaron los estudios y el Consejo Directivo de la ANT decidió su creación. Actualmente, la asociación AGROCAFRE busca convertirse en otra ZRC en este municipio, en un conjunto de 16 veredas, entre los ríos Cafre y Ariari. Allí están veredas icónicas de la colonización del sur del Meta como Puerto Chispas, Charco Danto y Barranco Colorado. Este 19 de abril, la ministra de Agricultura y el director de la ANT se comprometieron a que, antes de que concluya esta administración, se dará la creación de esta nueva ZRC. Un compromiso que “aviva la esperanza”, dijo Cesar Cruz, el líder campesino que llevó la palabra en el evento.

